I JORNADAS SOBRE CULTURA ÁRABE E ISLÁMICA

ISLAM Y POLÍTICA EN EL MUNDO ÁRABE

 

Zaragoza, 20 de mayo de 1998.

 
1.- INTRODUCCIÓN.-
Antes de entrar en materia acerca de la situación política en los países árabes y de apuntar una breve reflexión acerca de la relación entre tal situación con el hecho de la pertenencia del mundo árabe a la civilización islámica, creo necesario hacer algunas puntualizaciones con la finalidad de poner en claro ciertos errores que con frecuencia se producen hacia lo árabe y lo islámico.
Así, es bastante habitual la identificación del Islam con el mundo árabe. Mientras el primero constituye una realidad multidimensional que se manifiesta en su diversidad étnica, cultural, social y política, que se extiende desde el Atlántico al Extremo Oriente, el mundo árabe es una parte, si bien muy significativa, de la civilización islámica.
Las causas de esta confusión hay que buscarlas, entre otras, en el hecho de que la religión y civilización islámica tuviera su origen en la península arábiga, en el protagonismo que los países árabes han adquirido en los últimos años debido a la riqueza en recursos energéticos de algunos de sus Estados, en el conflicto árabe-israelí y la guerra civil en el Líbano (1975-1991), en la emergencia del islamismo, o la emigración árabe, especialmente norteafricana a Europa, así como por el protagonismo iraquí en los dos últimos conflictos armados ocurridos en el golfo arábigo-pérsico.
De hecho, si el primer centro de irradiación de la civilización musulmana es la península arábiga, tras los cuatro primeros califas rashidum (Abu Bakr, Umar, Uzman y Alí), y las dinastías omeya y abásida, aquel se traslada al Imperio Otomano primero, y mas tarde a la Persia safávida.
En la actualidad, el número de musulmanes en el mundo se acerca a los mil millones, de los que alrededor del 17% son árabes, siendo Indonesia (200,5 millones), Pakistán (140 m.), Irán (70 m.), Turquía (61,8 m.) y Egipto (61,5 m.), los países musulmanes mas poblados. (Hemos de hacer notar que los cuatro mayores Estados considerados como musulmanes, es decir, aquellos en los que mas del 80% de su población profesan la religión islámica, no son árabes.) (1).
2.- ISLAM Y POLÍTICA.-
A raíz de la irrupción del Islam en la escena política internacional, cuyo punto de partida puede situarse en la revolución iraní de 1979, se extiende en el ámbito occidental la idea errónea de que el Islam confunde en su propia esencia lo religioso con lo político, por lo que muchos de los análisis sobre la cuestión, desde la perspectiva occidental, tienden a sobrevalorar el factor religioso.
Tal consideración únicamente tiene en cuenta a los <<reformistas islámicos>> cuyos movimientos se han desarrollado a lo largo de la historia de la civilización islámica e incluso se fundamenta en las proclamas de los activistas islamistas actuales.
Pero como indica Olivier Carré en su ensayo “El Islam Laico”, la Tradición ha distinguido el periodo profético y teocrático inicial, del periodo posterior al Profeta, en el que poder político y autoridad religiosa, ejercen sus respectivos poderes de forma separada.
Tras la muerte del profeta Muhammad,el problema que se plantea la comunidad musulmana es el de su forma de gobierno, con lo que sus miembros se ven obligados a innovar acerca de su naturaleza comenzando por la cuestión de la sucesión en el califato, ya que ni el Corán ni los hadices tratan acerca de las normas políticas por las que debían regirse.
Es precisamente el desacuerdo sobre la sucesión y la forma de legitimación de los califas, el que crea el primer cisma en la comunidad con la escisión entre sunníes, jariyíes y shiíes, con lo que nos encontramos ya en los primeros momentos de existencia de la umma con un problema de carácter político.
Así, vemos que el problema del poder político se plantea en el marco de la propia historia de los musulmanes y no en el marco de su edificio doctrinal o de su credo.
Desde un principio, en la tradición sunní, es la elección el criterio seguido en el proceso de sucesión del califato, lo que ocurre con los cuatro primeros califas-rashidum - pero mas tarde con el advenimiento de la dinastía omeya, la sucesión se produce por la vía hereditaria que a partir de aquí se alterna con la toma del poder por parte de caudillos militares, quienes acceden al califato mediante la fuerza y gobiernan a partir de los intereses de su tribu o de su clan.
Esta situación que rompía con la ortodoxia sunní del principio electivo llevó a los ulemas a elaborar una doctrina de “obediencia pasiva” que implicaba la aceptación del gobernante de turno por parte de la comunidad con la condición de gozar de la paz civil necesaria para que los creyentes pudieran vivir de acuerdo con las obligaciones que les imponía su religión, así como de obtener la protección de los territorios del Dar-al-Islam, con independencia de quien o de que forma hubiera obtenido el poder.
Por lo que se refiere a las comunidades chiítas, cuya visión del Islam se fundamenta en la doctrina del imanato, en la que la idea central es la ausencia permanente de un guía legítimo, se caracterizarán por la práctica de la reserva-taqiya- y por su “quietismo” político.
Paradójicamente, desde la revolución iraní de 1979, se ha difundido en Occidente la imagen estereotipada del chiísmo como la forma del Islam violento y oscurantista por antonomasia, lo que se aleja mucho de la realidad, a pesar de que dentro de la tradición chiíta se hayan producido a lo largo de su historia un buen número de contestaciones revolucionarias, pero no a partir de ella, sino contra la misma.
El principio de que <<no hay autoridad que no provenga de Dios>> que había sido defendido en la cristiandad por el papa Gregorio Magno en el siglo VII se corresponde con la fórmula jariyí, pero no con la sunnita ni chiíta, y es precisamente este principio el que fue retomado por los ideólogos del islamismo actual, y en especial Maududi (1903-1979) en el subcontinente indio y el egipcio Sayyid Qutb(1906-1965) mediante el concepto de la hakimiya, es decir, el poder exclusivo de Dios. (CARRÉ,1996: 65)
En general la práctica política musulmana tuvo mas que ver con el cesaropapísmo cristiano bizantino ( sumisión de la Iglesia al Estado), que con la teocracia (sumisión del Estado a la Iglesia) que en raras ocasiones se ha producido en el espacio político islámico.
2.- EL TRAUMA DE LA POLÍTICA ÁRABE.-
Una vez abordadas estas breves consideraciones acerca de lo político y lo religioso en el mundo del Islam, voy a tratar de apuntar los problemas sociopolíticos y económicos mas destacables, con los que se enfrenta el mundo árabe en la actualidad.
La penetración colonial europea que comienza en el siglo XIX ha tenido una serie de efectos sobre la vida social, política y económica de los Estados árabes independientes, si bien la forma de llevar a cabo la colonización por parte de las metrópolis europeas a tenido consecuencias diferentes en los países colonizados. ,Así, mientras en unos países, como es el caso de Argelia, se llevó a cabo una colonización de asentamiento o poblamiento, lo que supuso que alrededor de un millón de colonos franceses se apropiaran de las mejores tierras despojando de ellas a los agricultores autóctonos, otros países sufrieron en general una colonización de encuadramiento que respetando las estructuras sociales, culturales y jurídicas, se apoyaba en las elites tradicionales.
Pero los Estados árabes territoriales tal como han quedado conformados en la actualidad, no son únicamente consecuencias del colonialismo, ya que en diversas zonas del mundo árabe existían núcleos o embriones de Estados, como era el caso de Egipto, Marruecos u Omán y en menor medida otras zonas tanto del Norte de África como en el Yemen.
De cualquier forma y prescindiendo del modelo de colonización aplicado por las potencias coloniales europeas, <<el resultado final fue el mismo: la institucionalización y consolidación de los estados territoriales a imagen del patrón europeo>> (KORANY,1987: 47ss.)
Pero como ha observado el historiador marroquí Abdallah Laroui, <<Cualquier hombre impedido durante mucho tiempo de hacer su historia, olvida a la larga que es capaz de hacerla. Entonces empieza el drama.>> (LAROUI,1994: 208).
Así, con el acceso a la independencia de los nuevos Estados árabes que se produce en un espacio de tiempo que va desde la independencia de Egipto en 1922 a la de Argelia en 1962 o del Yemen del Sur en 1967, aquellos se ven abocados a dotarse de la estructura política del Estado Moderno, ya sea de corte capitalista en los países supeditados a los intereses estratégicos occidentales en el marco de la “Guerra Fria”, ya según los modelos cercanos al socialismo soviético.
Este encuentro entre las formas políticas preexistentes al colonialismo, con las estructuras de los órdenes políticos occidentales, produce una serie de deformaciones que se traducen en una serie de elementos comunes a la mayoría de los países árabes: monopartidismo o multipartidismos imperfectos, populismo, culto a la personalidad de sus líderes carismáticos, corrupción generalizada, participación política ciudadana prácticamente inexistente, gran ambigüedad en lo que se refiere al respeto de los derechos humanos etc.
Los Estados árabes se encuentran gobernados sin excepción por órdenes políticos autoritarios, según diversas formas de gobierno que van desde las monarquías absolutas islámicas de tipo feudal, como es el caso de Arabia Saudita, Bahrein, Omán o Qatar, pasando por monarquías de tipo parlamentario como Jordania o Kuwait, repúblicas con democracia parlamentaria basada en un comunitarismo confesional como es el caso del Líbano, república de democracia parlamentaria como el Yemen a partir de 1990, repúblicas presidencialistas de partido único como Siria o Mauritania, repúblicas presidencialistas con régimen militar como Irak, Sudán o Argelia, repúblicas presidencialistas como Tunícia, hasta una monarquía de <<derecho divino>> como Marruecos.
Si bien es cierto que algunos de estos países ha iniciado una gradual apertura política, como ocurre en Argelia (aunque en este país ha habido un retroceso en este aspecto con la abolición por el ejército en 1992 de la Constitución de 1989, la mas avanzada del mundo árabe desde el punto de vista democrático), o como viene sucediendo en Marruecos, Egipto o Jordania, la incertidumbre sobre los modelos a adoptar es grande, si tenemos en cuenta las delicadas circunstancias sociales, culturales y religiosas, así como la contestación política islamista que analizaremos mas adelante o el paralizante subdesarrollo económico en el que están sumidos.
En lo que se refiere a los aspectos socioculturales, en las sociedades árabes coexisten en general, dos modelos que interfieren entre si. Por un lado, el que podríamos calificar de “conservador” portador de los valores tradicionales propios del Islam, y por otro, el de aquellos que han optado por la modernización, entendida esta como occidentalización en sus diversos aspectos, político, sociocultural y económico, quedando la religión relegada al ámbito de lo privado.
En el interior de estas sociedades, se proyectan las categorías jaldunianas, confrontándose un Islam ”beduino”, introvertido, de tendencias autárquicas y en el que predominan las “ciencias religiosas”, con un Islam “urbano”, extrovertido, en el que predominan los valores humanistas y las ciencias profanas. (AL-ASHMAWY,1989: 47)
La tensión campo-ciudad, provoca así mismo grandes disfunciones, dando lugar a un proceso acelerado de urbanización en el que interactuan un crecimiento incontrolado de la población urbana debido al constante éxodo rural y un creciente desarrollo de la pobreza, con el auge de los movimientos islamistas.
Se produce así un nuevo fenómeno social, el de la “ruralización” de las ciudades, que origina en su seno fuertes convulsiones sociales, y que en muchos casos se ven potenciadas por el déficit de viviendas en el espacio urbano.
Así mismo, en las sociedades árabes, conviven tres tipos de Islam, que habitualmente se excluyen entre si: el institucional, controlado por el Estado, que se manifiesta a través de los consejos de ulemas, muftis, facultades de teología etc.; el Islam profundo o popular, caracterizado por el culto a los santos y las cofradías, y que se manifiesta especialmente en el espacio norteafricano; y el Islam militante, constituido por los musulmanes movilizados por los movimientos islamistas, que tratan de construir una sociedad conforme a las prescripciones islámicas mediante la puesta en marcha de un programa político.
En lo que se refiere a la situación económica, las condiciones de vida de la mayoría de los países árabes se han ido degradando en los últimos tiempos. El empobrecimiento de sus economías vino de la mano de la caída de los precios del petróleo sobrevenida a partir de la mitad de los años ochenta, del abandono de la agricultura en favor del sector industrial, especialmente en los países con órdenes políticos cercanos a los modelos socialistas, y de la quiebra del “Estado- providencia” que se ocupaba de las necesidades sociales primarias y subsidiaba los precios de los productos básicos, circunstancia aprovechada por las organizadas redes islamistas que llegan a suplantar al Estado en sus funciones de asistencia social, aprovechando los momentos mas críticos, como ha ocurrido en Argelia con el FIS: o con los Hermanos Musulmanes de Egipto.
Por otra parte, el aumento generalizado de la deuda externa, exceptuando el caso de algunos países poseedores de recursos energéticos, les ha llevado a renegociar su deuda y someterse a las medidas de reajuste estructural impuestas por el Fondo Monetario Internacional, medidas que suponen la reducción de los gastos públicos, especialmente en el campo de la enseñanza y la sanidad, así como la contención salarial. Hemos de tener en cuenta que el objeto de las medidas de reajuste estructural es el pago del servicio de la deuda por encima del desarrollo económico y social a largo plazo.
La inmovilidad que se percibe en el panorama político árabe ha llevado a algunos observadores a hablar de una <<excepción árabe>> en el proceso de democratización experimentado a nivel mundial, achacándose esta supuesta incapacidad a su <<especificidad cultural>>. Así, uno de los mayores expertos norteamericanos en política internacional, Amos Perlmutter, se preguntaba en un artículo publicado en el Washington Post: <<El Islam, sea integrista o no, ¿es compatible con la democracia representativa de tipo occidental, orientada hacia los derechos del hombre y liberal?. La respuesta es claramente no>>.(2).
Lo que se esconde tras este tipo de certidumbres, a parte de un racismo irreflexivo e islamófobo, es otra cuestión bien distinta a las explicaciones de tipo culturalista como la precedente. Por un lado,es un hecho que una pluralidad de Estados árabes y por extensión musulmanes no tienen nada que envidiar en materia de avances democráticos a muchos países de América Latina, Asia o África subsahariana.
Por otro, este tipo de explicaciones permiten justificar la complicidad de Occidente en el sostenimiento de regímenes dictatoriales que convienen a sus intereses geoestratégicos y económicos, bajo el pretexto de respetar su <<especificidad cultural>>.
La lucha contra el islamismo es otro de los pretextos que llevan a las potencias occidentales a apoyar la actual situación política en la mayoría de los países árabes, haciendo indispensable la permanencia en el poder de los longevos y autoritarios regímenes que les gobiernan.
Por otra parte , esta longevidad es debida a que los ejércitos siguen siendo los pilares básicos en los que se apoyan los regímenes autoritarios árabes, cuyas estrategias se basan en la búsqueda de los medios para conservar el poder, y maximizar su influencia regional.(Kodmani-Darwish,1994: 8).
El protagonismo de los ejércitos en la vida política de gran parte de los países árabes ha sido explicado desde diferentes perspectivas. Así desde la visión del desarrollo social, la destrucción del sistema tradicional en el mundo árabe, ha producido una serie de “vacíos políticos” que tienden a ser ocupados por la burocracia y en especial la militar.
Otros puntos de vista resaltan el hecho de que en la evolución hacia la modernidad de los países en vías de desarrollo, los militares constituyen el grupo mas organizado y preparado tecnológicamente de la sociedad, con lo que tienden a ocupar el espacio político que ningún otro grupo social es capaz de organizar. De hecho los gastos militares de los países árabes, aunque disminuyeron en términos del PIB. a partir de la mitad de la década de los ochenta, siguen siendo los mayores de los países en vías de desarrollo.
Esta hipertrofia de los ejércitos, tanto de su coste como de su tamaño, queda reflejada en la mayoría de los países árabes, mediante la creciente participación de los militares en la vida política.
Para la islamóloga Gema Martín Muñoz:<< El autoritarismo del moderno Estado-nación árabe está mas relacionado con factores como las deficiencias del proceso de descolonización, las injerencias externas, las divisiones artificiales de las fronteras, el proceso de deslegitimación de las elites, el predominio del Estado protector, las relaciones entre las clases sociales, la urbanización o la falta de desarrollo económico, que con “defectos congénitos” atribuibles al Islam>>. (MARTÍN MUÑOZ,1997: 42).

4.- FUNDAMENTALISMO, INTEGRISMO. ISLAMISMO.......-
Una vez descritas las dificultades a las que se ven enfrentados los países árabes en su camino hacia la modernidad política, quiero hacer unas breves consideraciones acerca del fenómeno politico-religioso que llamamos islamismo, que está en la base y en el origen de una variedad de tópicos y estereotipos, a los que en la actualidad se somete al Islam, juzgando de este modo al todo por la parte.
Y para empezar vamos a tratar de dar alguna luz acerca de cierto caos terminológico que se produce habitualmente en Occidente a la hora de denominar el fenómeno reciente de la irrupción del islam en el ámbito de la política.
El término “fundamentalismo” surge a principios de este siglo haciendo referencia a un conjunto de escritos publicados bajo el nombre de The Fundamentals, en cuyo contenido se reflejaba la reacción del puritanismo protestante norteamericano contestando el espíritu de la Ilustración, la teoría evolucionista de Darwin y en contra de la limitación introducida por la filosofía kantiana que asignaba a la religión el papel de mero fundamento de la moral.
El fundamentalismo se ha manifestado en el marco de las tres religiones monoteístas, las llamadas “religiones del libro”, y recientemente ha hecho también su aparición en el politeísmo hindú . Así, la finalidad del BJP. actual partido en el poder es la creación de un Estado hinduísta basado en un induísmo que tiende hacia el monoteísmo centrado en las enseñanzas del dios Rama.
El rasgo común que caracteriza a los movimientos fundamentalistas se manifiesta en la lectura literal y rigurosa de los textos sagrados. Ello supone la asunción de verdades incontrovertibles de forma ahistórica, lo que lleva inevitablemente a la adopción de posturas y actitudes intolerantes como reacción tanto al debilitamiento de la propia espiritualidad, como al proceso de modernización agresivo y urgente.
En el ámbito del Islam, el fundmentalismo no es un fenómeno nuevo. En el año 37 de la Héjira (el 657 de la era cristiana), estalla la revuelta jariyí contra el cuarto califa Alí que reivindica la aplicación rigurosa de los principios coránicos, abanderando una recuperación moral de la comunidad a la vez que reconocen únicamente a los dos primeros califas y recusan a sus sucesores debido a su impiedad y mal ejercicio del gobierno. De esta forma, el rigorismo jariyí constituye un elemento perturbador en la evolución política de los pueblos musulmanes.
A partir del siglo XI, los jariyíes se repliegan a comunidades que subsisten en la actualidad, apartados de toda actividad política, en la rama moderada de los ibadíes , significativamente en la pentápolis argelina del Mzab, Omán, Zanzíbar o en la isla tunecina de Yerba.
Desde el temprano cisma jariyí, han sido numerosos los movimientos de recuperación doctrinal y espiritual que se suceden a través de la historia y el espacio islámicos y que pueden ser calificados de fundamentalistas.
Si como decíamos el término “fundamentalismo” tiene origen anglosajón, el de “integrismo” tiene su origen en la lengua francesa y describe la nueva ortodoxia que surge en el seno del protestantismo después de la Segunda Guerra Mundial como consecuencia de la crisis provocada por la propia guerra, de las ideologías totalitarias y del declive de la fe cristiana.
Años mas tarde se aplica esta denominación al movimiento católico que contesta de forma radical las reformas del Concilio Vaticano II, propugnando el regreso a la anterior disciplina y a las formas religiosas decididas en el Concilio de Trento (1545-1563).
En nuestro entorno cultural, Américo Castro utiliza la expresión “integralismo hispánico” para referirse al espíritu apasionado y en consecuencia falto de objetividad de los españoles a la hora de analizar los problemas de la propia nación.
Para el islamólogo Roger Garaudy, el integrismo <<consiste en identificar una fe religiosa o política con la forma cultural o institucional que pudo revestir en una época anterior a su historia. Creer pues, que se posee una verdad absoluta e imponerla.>> (GARAUDY,1991: 13).
Siguiendo este punto de vista, podemos considerar el integrismo como la invasión del espacio social por el político (como es el caso de los totalitarismos), por el religioso (integrismos católico, protestante o judío) o por ambos, como es el caso del islamismo, término con el que se hace referencia a los modernos movimientos fundamentalistas o/e integristas, surgidos a partir de los años treinta en el mundo musulmán, dotándose de un programa político cuya finalidad es la toma del poder, ya sea desde la legalidad integrados en los respectivos órdenes políticos o mediante la violencia, al objeto de constituir un Estado regido por la sharía y adecuado a las circunstancias del mundo moderno.
El término “islamismo”, alejándose de denominaciones exógenas, aporta especificidad cultural y conceptual a este fenómeno político-religioso, por lo que es utilizado con generalidad tanto por los teóricos musulmanes como por los islamólogos occidentales
Estamos pues, ante un movimiento político que utiliza un lenguaje religioso, y que no moviliza a las fuerzas sociales tradicionales, sino principalmente a las clases sociales urbanas que se han creado a la sombra de los procesos de integración de las economias de los países en vías de desarrollo en el mercado internacional.
Mientras los fundamentalismos o los integrismos son de carácter estático limitándose a la esfera de lo moral, el islamismo es esencialmente dinámico y mediante la acción política trata de recuperar el pasado para regenerar el presente y proyectar el futuro.
Para el islamólogo Olivier Roy, <<El islamismo no es una reacción contra la modernización de las sociedades musulmanas, es un producto de esa modernización>>.(ROY,1992:75)
Las causas fundamentales de la aparición y expansión del movimiento islamista, son de muy variada índole y hay que buscarlas en las circunstancias socioculturales, políticas y económicas que he tratado de describir anteriormente.
En el ámbito de las relaciones internacionales, la frustración de los pueblos musulmanes ha sido continua, lo que ha potenciado la acción de los movimientos islamistas.
Así, la fundación de Pakistán en 1947, primer Estado en la historia moderna que se configura en base a criterios religiosos, a parte del Estado de Israel, crea en la conciencia musulmana el sentimiento de minoría perseguida.
En 1948, la creación del Estado de Israel, apoyada y reconocida de forma inmediata por los EEUU. y la Unión Soviética, es percibida en los países musulmanes como la prolongación del poderoso brazo de Occidente en la región de Oriente Próximo.
La guerra del Sinaí en 1967, que supone el fracaso del proyecto panárabe, laico, de Nasser, y los sucesivos conflictos armados árabe-israelís, hacen que los árabes vean en el sionismo un enemigo de mayor magnitud si cabe, que el representado por Occidente.
El cuadro se completa con el conflicto entre Irak Y Kuwait, en el que la causa iraquí aglutina los fervores del islamismo radical, a pesar del carácter laico del partido baaz en el poder, así como con el abandono de los musulmanes bosnios por parte de la comunidad internacional.
En este sentido, una de las consecuencias positivas de la intervención de la OTAN. para frenar el expansionismo servio, ha sido el apoyo occidental por primera vez a una comunidad musulmana (con la excepción de conflictos intermusulmanes), lo que habría podido contribuir a atemperar la conciencia del supuesto enfrentamiento Islam-Occidente.
5.- LA <<AMENAZA ISLÁMICA>>.-
La prevención e incluso el miedo con el que se percibe en Occidente el fenómeno del islamismo radical, hace que este sea visto como una amenaza en su totalidad, con lo que se confunden conceptos diferentes, como el de amenaza militar, conflicto de intereses (ya sean de carácter económico, político o demográfico) o peligro para la seguridad nacional.
Tales conceptos son de naturaleza y causas diversas, por lo que requieren planteamientos bien diferenciados.
Por otra parte, el islamismo resulta ser un “enemigo potencial” para Occidente, ya que puede suponer la desestabilización de regímenes políticos árabes que sirven a sus intereses. Pero en ningún caso puede ser considerado como una amenaza militar ni a su seguridad.
En nuestros días, los riesgos y amenazas son consecuencia fundamentalmente de los procesos de degradación ecológica, económicos o sociales a nivel mundial, pero no se puede hablar objetívamente de riesgos o amenazas de carácter militar.
En cuanto al terrorismo llevado a cabo por algunos grupos islamistas revolucionarios violentos, hay que significar que el fenómeno terrorista no es privativo del islamismo radical, sino que estamos ante un fenómeno esparcido por todo el mundo, proveniente de las mas diversas opciones políticas, o de otro tipo de intereses.
El islamólogo francés François Burgat dice al respecto:<<Hoy día, al descifrar la actualidad política de los países árabes, lo primero que se descubre es que tras la violencia islámica”, por real que sea, se esconde cada vez mas otra violencia: la de los regímenes que rechazan el veredicto de las urnas y para sobrevivir optan por reprimir a quienes les desafían, cerrándoles las puertas de la escena política legítima, con lo que están abocados a esta violencia cuyo monopolio se les atribuye>>. (BURGAT,1996: 134)
Por otra parte, los islamistas han sido utilizados por los propios líderes árabes en sus tácticas para mantenerse en el poder. Así, los Hermanos Musulmanes apoyaron en un primer momento a Nasser en el golpe de estado de los “oficiales libres” en 1952, pero tras el proyecto político laico del rais, los Hermanos se enfrentan al régimen nasserista, siendo apoyados tanto por Arabia Saudí como por los EEUU.
También en Argelia, los islamistas fueron potenciados por Benyedid, al objeto de frenar los movimientos comunistas que iban tomando fuerza en las universidades. Poco tiempo mas tarde se volverían contra el.
6.- CONCLUSIÓN.-
El camino de los países árabes hacia la modernidad, (entendida esta como una actitud abierta hacia los cambios, acompañada de un espíritu crítico y de invención, mientras que la “modernización” es de orden material y generalmente se identifica con el desarrollo industrial y tecnológico de Occidente, así como una occidentalización cultural), debe girar fundamentalmente en torno a transiciones hacia regímenes políticos regidos por una Constitución pactada y laica, legitimadora del sistema, que excluya explícitamente la utilización de la religión como arma política, y a la difusión mediante las instituciones de enseñanza pública de los valores democráticos así como el respeto a los derechos humanos, que permita de forma gradual la estructuración de la opinión pública y diluya las tensiones entre tradición y modernidad. Pero todo ello, habrá de producirse desde el seno de las propias sociedades árabes, conjugándo la modernidad política y social con sus propios caracteres civilizatorios.
Para el politólogo argelino Lahouari Addi, el modelo político que tendrían que adoptar los países musulmanes para incorporarse a la modernidad, <<no es un modelo preexistente a su propia experiencia histórica. No podría ser producido mas que por la Historia a través del choque entre la utopía islamista y el peso de las realidades sociales.>> (3).
Para terminar, quiero resaltar que uno de los principales problemas sociales que se perciben como un obstáculo en el camino hacia la modernidad, es la cuestión del código de la familia y del estatuto personal, que en muchos de estos países someten el papel social de la mujer a una relación de subordinación con respecto al hombre.
Pero los movimientos de emancipación de la mujer nacieron hace mas de un siglo en Turquía, Tunicia y Egipto, y han venido reclamando desde entonces el trabajo profesional independiente, la escolarización y la instrucción, así como, desde un plano mas simbólico, la desaparición del velo tradicional, que en la actualidad muchas mujeres islamistas reivindican como símbolo de la tradición social islámica.
Está bastante arraigada la creencia en que el modelo perseguido por la mujer musulmana queda encarnado en la mujer occidental. Pero para muchas de las feministas musulmanas, si bien son deseables las cotas de igualdad con el hombre alcanzadas en los países occidentales, rechazan la utilización de la mujer occidental como objeto sexual, así como ciertas actitudes de superioridad con respecto a las mujeres del Tercer Mundo.
La escritora y socióloga marroquí Fátima Mernisi, dice al respecto:<<Pero si una se pregunta muy seriamente (como yo lo he hecho muchas veces) porqué una feminista americana o francesa cree que yo no estoy preparada como ella para reconocer los esquemas de degradación patriarcal, se descubre que esto la coloca en una posición de poder: ella es la líder y yo la seguidora. Ella quiere cambiar el sistema para que la situación de la mujer sea mas igualitaria, a pesar de ello (muy en el fondo de su legado ideológico subliminal) retiene el instinto distorsionador, racista e imperialista de los hombres occidentales.>>(4).

Zaragoza, a 20 de mayo de 1998
J.Luis Gómez Puyuelo

NOTAS

(1).- Datos de El Estado del Mundo.1998, Madrid: Akal,1997.
(2).- En Gilbert Achcar, Le monde arabe orphelin de la démocratie, Le Monde Diplomatique, junio de 1997.
(3).- Laouari Addi, L’Algerie et la democratie, París: La Decouverte, 1995.
(4).- Fátima Mernissi, El poder olvidado. Las mujeres ante un Islam en cambio. Barcelona: Icaria-Antrazyt, 1995.

BIBLIOGRFÍA DE REFERENCIA

- AL-ASHMAWY, Muhammad Saïd (1989), L’Islam Politique, Alger: Laphomic-Bouchene.
- BURGAT, François (1996), El islamismo cara a cara, Barcelona: Ed. Bellaterra.
- CARRÉ, Olivier (1996), El Islam laico ¿Un retorno a la Gran Tradición?, Barcelona: Ed. Bellaterra.
- KODMANI, Bassma y CHARTOUNI - DUBARRY, May (1994), Perceptions de sécurité et stratégies nationales au Moyen Orient, París: Masson.
- KORANY, Bahgat (1987), Alien and Besieged Yet Here to Stay: the Contradictions of the Arab Territorial State, en G. Salamé (ed.) The Foundations of the Arab State, Londres: Groom Helm.
- LAROUI, Abdallah (1994), Marruecos: Islam y Nacionalismo, Madrid: Mapfre.
- MARTÍN MUÑOZ, Gema (1997), En contra de la confrontación Islam-Occidente, en Revista de Occidente, nº 188, enero de 1997.
- ROY, Olivier (1996), Genealogía del Islamismo, Barcelona: De. Bellaterra.
 
 


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