21/2/2017

CONGRESOS, CURSOS Y CONFERENCIAS

José Manuel Carmona habla en Fraga sobre la “nueva era” para la Astronomía que supone la reciente detección de ondas gravitacionales

Este investigador del Laboratorio Subterráneo de Canfranc y del Departamento de Física Teórica de la Universidad de Zaragoza abordará el impacto que tiene, para esa y otras ciencias, este hallazgo que se presentó ahora hace un año

La conferencia, abierta al público, tendrá lugar a las 18 horas, en el palacio Montcada, organizada por la UNED, la Universidad de la Experiencia de la Universidad de Zaragoza y el ayuntamiento de la localidad bajocinqueña
‘El inicio de una nueva era en la observación del Universo’  es el título de la conferencia que impartirá, este martes, 21 de febrero, en Fraga, José Manuel Carmona. Este investigador del Laboratorio Subterráneo de Canfranc  y del Departamento de Física Teórica de la Universidad de Zaragoza abordará el impacto que puede tener para la Astronomía, en especial, pero también para otras ciencias como la Física, la detección de ondas gravitacionales, un hallazgo tecnológico y científico “de primer orden “, que se produjo en 2015, pero que se presentaba públicamente  ahora hace un año, el 11 de febrero de 2016. La conferencia, abierta al público, tendrá lugar a las 18 horas, en el palacio Montcada, organizada por la UNED, la Universidad de la Experiencia de la Universidad de Zaragoza y el ayuntamiento de la localidad bajocinqueña.
 
Este logro científico, explica el conferenciante, puede ser “comparable” en su impacto, “al momento en el que Galileo usó un telescopio por vez primera para contemplar el cosmos, hace 400 años”. Abre la puerta a otra forma de conocer el universo a través de una nueva “astronomía de ondas gravitacionales”.
 
El 14 de septiembre de 2015 se detectaron, por primera vez en la historia de la humanidad, ondas gravitacionales, una predicción de la relatividad general de Einstein, precisa Carmona, que en este caso habían sido producidas, durante la fusión de dos agujeros negros en una lejana galaxia, hace mil trescientos millones de años. Esa fusión, que produjo una energía “equivalente a diez mil billones de trillones de bombas de Hiroshima” generó la onda gravitacional detectada que estuvo viajando hasta nosotros durante todos esos millones de años, perdiendo progresivamente su fuerza.
 
La onda hizo vibrar durante unas centésimas de segundo el brazo del detector estadounidense LIGO, “formado por espejos suspendidos y separados 4 kilómetros”, que modificó su longitud “una cantidad mil veces menor que el tamaño de un protón”. Ese cambio fue lo que los científicos pudieron medir, obteniendo información de lo ocurrido en aquella lejana galaxia.
 
Este hallazgo, señala  Carmona, que forma parte del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza, supone, por un lado, un hito tecnológico, que generará aplicaciones muy diversas; al mismo tiempo ofrece importantes informaciones científicas, que van desde la confirmación de la teoría general de la relatividad, a la existencia de las ondas gravitacionales o de agujeros negros de dimensiones intermedias; y, en tercer lugar, abre la puerta a una nueva forma de conocer el universo.
 
Una segunda detección, producida el 26 de diciembre de 2015, “confirmó el inicio de una era en la que la astronomía de ondas gravitacionales permitirá conocer el Universo de una forma totalmente nueva”, asegura,  “y que seguro nos deparará muchas e interesantes sorpresas”.
 
José Manuel Carmona fue galardonado, a finales de 2016, por el Centro Nacional de Física de Partículas, Astropartículas y Nuclear, por su labor divulgadora sobre este hallazgo científico. Concretamente el jurado de la VII edición del Concurso de Divulgación de esta entidad valoró el artículo titulado “Ondas gravitacionales: el ‘sonido’ del Universo”.

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