Evolución y límites
del darvinismo. Efectos interdisciplinares.
Alberto Carreras
Abstract
This chapter attempts to highlight some interdisciplinary aspects of the external history of Darwinism. The first part emphasizes the epistemological novelty that Darwin's theory represented, the first model of self-organitation, as it was. It arose out of a liberal school thought, made possible by the developement that started in the 16th century of the new mathematical theories (probabilities, stadístics...), which also made it possible to move on from an essentialist conception of the species to a different conception, formulated in terms of population. Darwin's Smithian optimism transformed the threatening "demografic pressure" of Malthus into a mecanism for change.
In the second part, other aspects of the external context of Darwinism are seen to lead to a better understanding of its history.
Thirdly, recent scientific innovations (such as genetics, cybernetics, ecology, non-equilibrium thermodynamics, etc) bring out the ideological and technical limitations of Darwinism as seen today.
Este capítulo quiere resaltar algunos aspectos
interdisciplinares presentes en la historia externa del darvinismo. Destaca
la novedad epistemológica que representó la teoría
de Darwin, primer modelo de autoorganización. Este surgió
del pensamiento liberal, posible a su vez por el desarrollo desde el siglo
XVII de nuevas teorías matemáticas (estadística, probabilidades...),
que permitieron también pasar de una consideración esencialista
de las especies a otra concepción en términos de población.
El optimismo smithiano de Darwin transformó la amenazadora "presión
demográfica" de Malthus en un mecanismo de cambio (1ª parte).
Otros aspectos del contexto externo del darvinismo permiten una mejor comprensión
de su historia (2ª parte). Recientes novedades científicas
(genética, cibernética, ecología, termodinámica
del no equilibrio, etc.) nos permiten observar las limitaciones ideológicas
y técnicas del darvinismo desde nuestro presente (3ª parte)
Introducción
Al hablar de la historia del darvinismo voy a hacerlo en referencia a su contexto social y cultural, contemplando algunos efectos interdisciplinares. Se trata pues de su historia externa.
Las teorías biológicas de la evolución tienen una historia interna, con nombres emblemáticos como Lamarck, Darwin, Dobzhansky, etc., que han orientado el devenir de este fecundo campo científico. Pero sus hallazgos e hipótesis nacen dentro de un contexto sociocultural que los posibilita y sobre el que a su vez influyen. La mirada desde y hacia el exterior se fijará pues en las conexiones que la teoría de la evolución mantiene con este contexto y en especial con el conjunto del pensamiento racional.
También pasearé forzosamente por las sendas de la sociología del conocimiento. Aunque a algunos se lo parezca, al hacerlo no introduciré ningún elemento extraño a la ciencia. Simplemente explicitaré algo que ha estado siempre allí pues las teorías, como todas las demás actividades humanas, están condicionadas por su contexto cultural y social. También son útiles. Por ello las ideas se compran y se venden. Se distribuyen, se prohiben, se combaten y se defienden. No están solas nunca, se arraciman o construyen jerarquías. Unas apoyan a otras formando conglomerados o sistemas teóricos, que mantienen entre si relaciones genealógicas, de amistad o de rivalidad.
Por desgracia o por fortuna no hay muchas ideas nuevas en el mundo. Por ello se puede rastrear siempre su gestación y nacimiento, su difusión, sus aventuras o enfrentamientos con otras ideas, así como su declinar y eclipse.
Esta es la tarea de los historiadores de la ciencia o de la filosofía. Hacer una historia del pensamiento como los geólogos hacen una historia de la tierra. Analizar esas formaciones especiales que son las ideas, ponerlas en relación con las demás y reconstruir así una historia de la ciencia, de la cultura y de las sociedades humanas. De la misma manera que en un fósil o en una simple piedra podemos encontrar las huellas del clima, la flora y la fauna de la tierra, la historia del sistema solar y la del universo.
Sólo es necesario saber leer e interpretar, encontrar los elementos mediadores, relacionar unos indicios con otros; tarea casi detectivesca, como la realizaban S. Holmes, H. Poirot o Guillermo de Baskerville. Las huellas están ahí para ser lógicamente relacionadas, en la medida de nuestras posibilidades y conocimientos. Como reconocía Leibniz, aunque desde una perspectiva muy distinta:
Por eso yo me contentaría con
que se me acepte el mensaje de que merece la pena también mirar
hacia el exterior.
1. El alumbramiento de la teoría
darviniana, joya del pensamiento liberal.
El darvinismo nació dentro de un contexto social y cultural en el que se daban las condiciones para que brotara. Antes de que Darwin publicase su Origen de las especies, otro investigador, Wallace, por caminos independientes, llegaba a la hipótesis de la evolución por selección natural. Juntos presentaron en 1958 un artículo en la reunión de la Sociedad Lineana de Londres con las tesis que difundiría una año después el libro de Darwin.
Tampoco es casual que hubiesen ya nacido, o fuesen a aparecer por aquellas fechas, nuevas ciencias con aspectos comunes como veremos luego con el darvinismo: la economía política, la termodinámica, la teoría celular o la sociología.
En cuanto a su contenido, o propósito, el de explicar la evolución de las especies, Darwin se inscribe dentro de una remota tradición que se remonta a los primeros filósofos griegos, como Anaximandro, aunque totalmente renovada con las ideas de desarrollo y progreso que aportó la Ilustración en el s. XVIII y con la perspectiva histórica teorizada ya por Vico y personalizada por Hegel.
En el campo de la naturaleza, la hipótesis de que todas las especies se derivan de un numero reducido de antepasados fue sostenida ya por Maupertuis en 1745 y por Diderot en 1749 (2). Lamarck había publicado en 1809 su Filosofía zoológica, una explicación de la evolución que durante años constituyó la alternativa del darwinismo. Según ella, los organismos y las especies desarrollan algunas de sus posibilidades orgánicas potenciales para adaptarse a los cambios del medio, lo que produce pequeños cambios en los organismos individuales, que se trasmiten a la descendencia, amplificándose a lo largo de varias generaciones. Aunque posteriormente falseada, se trataba de una explicación plausible y científica, formulada medio siglo antes que El origen de las especies.
Tampoco la metodología de Darwin fue excepcionalmente novedosa. Darwin adoptó los métodos científicos ya establecidos en su época: huyó de la pura especulación como la de H. Spencer, y su habitual minuciosidad y seriedad permite explicar por qué sus hipótesis no fueron arrinconadas, como probablemente lo hubieran sido las de Alfred Wallace si éste hubiese quedado como su único difusor. Nunca fue un empirista puro apegado a los datos, como no lo ha sido ningún científico creativo. Michael T. Ghiselin (1969) describe su método como hipotético-deductivo. De cualquier forma se adaptó a los estándares de su tiempo.
Ahora bien, con el ambiente, las ideas y la metodología de la época, Darwin consiguió construir una explicación nueva y aparentemente sencilla del fenómeno evolutivo, que sigue siendo hoy fundamentalmente admitida. Para ello tuvo que sintetizar diversas líneas de pensamiento, algunas de ellas ausentes hasta entonces del ámbito de las ciencias naturales, llevando a cabo su revolución epistemológica. Al integrar a la biología la estadística de los grandes números y la causalidad emergente sustituyó el modo de explicación causal imperante y desterró de ella el vitalismo o finalismo.
En efecto, como se sabe, la teoría darviniana se articuló en torno a tres hipótesis clave, a cuyo desarrollo están dedicados los capítulos centrales de El origen de las especies:
2. la lucha por la existencia (cap. III)
3. la selección natural o supervivencia
de los más adaptados a lo largo de las generaciones (cap. IV)
Esa epistemología era reciente y rompía con las explicaciones mecanicistas y deterministas que imperaban en las ciencias bajo el influjo de la física (mecánica clásica). Gracias a ella y durante mucho tiempo el darviniano se convertirá en el modelo de otras teorías de la morfogénesis.
El nuevo tipo de pensamiento se caracterizaba pues por:
- Nueva forma de apreciar las relaciones entre un individuo y una totalidad de individuos, como puede ser la especie o una sociedad.
- Nuevo tipo de explicación
causal (la causalidad emergente o resultante), que explica los fenómenos
macro mediante mecanismos de nivel micro.
Conviene precisar que el azar que introduce Darwin en las ciencias es un azar para nosotros, para nuestra forma de conocer (azar epistemológico) y todavía no un azar ontológico. Pues ahí Darwin conserva la concepción deterministas de la realidad y la concatenación de causas y efectos:
Esta epistemología darviniana tiene sus raíces y sus condiciones de posibilidad en el desarrollo de nuevos campos de las matemáticas como el cálculo de probabilidades y la estadística. Y tuvo como su precedente científico inmediato la Economía Política. Solo posteriormente las probabilidades serán utilizadas en la Física (Termodinámica estadística de Boltzmann).
A su vez, esas novedades matemáticas, que ya contaban con dos siglos de antigüedad, habían sido impulsadas por nuevos fenómenos sociales. En primer lugar, la irrupción de las masas o de la población en la historia; su protagonismo político y económico en los Estados Modernos a partir del Renacimiento y más aún tras la revolución industrial y demográfica; con la imperiosa necesidad de censos, estadísticas e inventarios por parte del estado, los comerciantes, las compañías de seguros, y el forzado desarrollo de medios de transporte masivos. Si la política parlamentaria ya no podía asentarse únicamente en las individualidades, tampoco la economía podía mantenerse en el modelo doméstico de Aristóteles ni en el de los fisiócratas.
El juego de los grandes números, que estará en la base del pensamiento liberal y de la Economía Política inspiradores de Darwin, también permitió pensar de una forma nueva las relaciones entre los individuos y las colectividades (sociedad, población, especie...), o mejor dicho, las relaciones de los individuos entre sí.
Ahora bien, para que la escena quedase libre tenía antes que ponerse fin a la teoría esencialista de los individuos y de las especies dentro del campo biológico; esto es, la consideración del individuo como perteneciente a una clase que lo define; como portador de una esencia (inmutable) que es la de la especie.
Aquí Darwin encontró el trabajo hecho. Locke, uno de los padres del liberalismo político, resucitando la tradición nominalista ya había situado al individuo concreto como única realidad. Las especies, como grupos taxonómicos, corresponden a las "esencias nominales" y son construcciones nuestras (las esencias reales las desconocemos). Son conjuntos de individuos que agrupamos convencionalmente según determinadas características; siendo la reproductividad la principal de ellas en el campo biológico. Después de Locke, Hume había consumado el trabajo acabando con la noción de esencia.
La reafirmación de lo individual frente a lo genérico (sociedad, clase, población) también sustentaba todas las nuevas teorías políticas modernas, basadas en el pacto social (los individuos son anteriores y creadores de una sociedad que depende de ellos). Hijas y creadoras del pensamiento liberal, estas teorías individualistas están tan alejadas del esencialismo anterior como de alternativas del tipo organicista o socialista, pues éstas últimas subordinan lo individual a lo genérico o colectivo; la parte al todo (3).
En el cuadro 1 puede apreciarse la cronología de algunos acontecimientos representativos de los fenómenos aquí aludidos, en especial la importancia de los grandes números en el desarrollo social y científico.
W. Petty: fundador de la Economía Política y pionero de la estadística.
1713 Jacques Bernoulli: Ars Conjectandi. Con aplicaciones sociales, económicas...
1745 Maupertuis: hipótesis de que las especies derivan de unos pocos antecesores comunes. En 1749 la defiende Diderot.
1776 A. Smith: Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones
1779 Hiladora mecánica de Crompton (revolución industrial).
1789 Constitución americana. Obligatoriedad de censos decanuales.
1789 Revolución francesa
1798 Malthus: Un ensayo sobre el principio de la Población. "Lucha por la existencia".
1801 Primer censo en Gran Bretaña y en Francia
1805 L. Oken: Tratado sobre La Generación (cuerpo como agregado de células)
1809 Lamarck: Filosofía zoológica.
1812 Laplace: Teoría analítica de probabilidades. Aplicaciones al estudio de fenómenos naturales de causas complejas.
1813 Owen: Un nuevo enfoque sobre la sociedad (socialismo utópico ).
1819 Primer barco de vapor (de Nueva York a Liverpool).
1825 Primer ferrocarril (Stokton-Darlington).
1830 Geoffroy Saint-Hilare defiende la evolución uniforme frente a Cuvier.
1831-1836 Viaje de Darwin a bordo del HMS Beagle.
1848 Marx y Engels: Manifiesto comunista.
1850 Clausius: concepto de entropía. Teoría cinética de los gases.
1852 H. Spencer: comienza a publicar sus teorías evolucionistas Principios de psicología.
1858 Darwin - Wallace presentación de su artículo en la Sociedad lineana de Londres.
1859 Darwin: El origen de las especies
1859 R. Virchow: Patología celular (teoría celular de los organismos: "toda célula proviene de otra")
1859 K. Marx: Contribución a la crítica de la economía política.
Esta, en sus formulaciones liberales, mantiene con Darwin relaciones complejas. Dos nombres son los referentes ineludibles: Smith, impulsor del dogma liberal, y Malthus, cuya lectura iluminó a Darwin, según sus propios informes.
Smith había conjugado ideal e ingenuamente los intereses de los individuos y los de la sociedad. En sus modelos, ésta aparecía como un conjunto de individuos relacionados entre sí por la competencia mutua. Pero esta competencia, en lugar de promover el conflicto social como podía presumirse, conducía al desarrollo armónico.
Frente al cristianismo y al pensamiento ilustrado, que consideran que el individualismo es contrario a la sociabilidad (contradicción entre el bien individual y el común) Smith había avanzado una afirmación casi paradójica: buscando cada individuo su interés particular se obtiene como resultado (no pretendido) el bien común. El hombre "al perseguir su propio interés, realiza más efectivamente el de la sociedad que si él se propusiese realmente promoverlo". Esta es una idea que recogerá Kant(4) seis años después de la publicación de la obra de Smith, y que generalizará Hegel al hablar de las "astucias de la razón".
Smith lo explica: la ley de la oferta y de la demanda regula estadística y admirablemente bien las fluctuaciones de los precios de las mercancías, en torno a su "precio justo", que es el del trabajo en ellas invertido. Por una segunda ley económica, del interés individual, el industrial medio, deseando ganar más dinero, tiende a producir aquello que se demanda más y cuyo precio es más alto, abandonando esta producción cuando no hay demanda y los precios bajan. Con ello siempre se tiende a producir más lo que el medio social demanda (o necesita) más. Es éste, el medio, el que selecciona lo que se produce y el que obliga a todos los agentes económicos a adaptarse a sus necesidades, con independencia de los gustos, aciertos o errores de los industriales particulares. Pues lo que interesa a la economía política no es la suerte de industriales o comerciantes particulares (no trata de dar recetas para que los individuos prosperen) sino el aumento de la riqueza y el poderío "de las naciones". Y ello se consigue simplemente dejando hacer o tutelando a la propia naturaleza, con la mínima intervención del Estado.
Pero la revolución industrial y demográfica vino a falsear el optimismo ingenuo de Smith, volviendo de nuevo a la contradicción entre el bien de la comunidad y el de los individuos. Malthus fue el teórico de este desmentido.
Su punto de partida arranca de la escasez de bienes a pesar de las mejoras tecnológicas y de la creciente presión demográfica. Hay una desproporción entre el aumento de las poblaciones (en progresión geométrica) y el de los productos (en progresión aritmética) lo que transforma la ley de la competencia económica en ley de supervivencia. La presión poblacional hace imposible la armonía social.
Para equilibrar esta desproporción amenazadora no hay más salida que reducir la población. Esto se consigue a posteriori o de forma natural (guerras, epidemias...) si no se ponen otros medios preventivos, como la disminución de la natalidad. Son frenos que impiden el colapso que se derivaría de la progresión geométrica de la población.
Darwin leyó el Ensayo sobre el principio de la población, de Malthus, en 1938, recibiendo de él una gran inspiración. Sus hipótesis básicas aparecerán proyectadas en la naturaleza en El origen de las especies. Pero no como un simple trasvase sino totalmente transformadas. Pues Darwin dio la vuelta al pesimismo malthusiano, enfrentándolo precisamente con el optimismo liberal de Smith, situándose ahora a un nuevo nivel: ya no el de la armonía social sino el del cambio. Porque en Darwin los desequilibrios de la presión poblacional (y la supervivencia del más apto que de ella se deriva) no llevan a la hecatombe, sino al cambio y a nuevos equilibrios.
Así la teoría de Malthus,
al tiempo que demuestra la imposible armonía social, proporciona
a Darwin las bases para una teoría del cambio, de la novedad, de
la "creación" de nuevas especies. Pues la transformación,
no ya de la sociedad sino de las especies, era el nuevo tema que ocupaba
la mente de Darwin. Y su teoría constituirá una nueva apología
del dejar hacer liberal.
2. Evolución del darwinismo
Tras la formulación de la teoría darvinista sigue una fase de controversias apasionadas, que jalonan la implantación y posterior expansión del modelo. Todas ellas han tenido sus historiadores y algunas de ellas son muy conocidas. Me limitaré pues a algunos comentarios sobre sus relaciones exteriores o su contexto cultural, tal como me he propuesto desde el principio.
2.1 Evolucionismo frente al fixismo.
Es difícil poner en duda que el principal adversario de la autoorganización darviniana fueron las teorías religiosas que defendieron a ultranza la inmutabilidad de las especies, creadas por Dios(5). El creacionismo judeo-cristiano, enlazado con la teoría platónico-aristotélica de la inmutabilidad de las esencias, había sido durante siglos la interpretación dominante en nuestra cultura. Y así continuó hasta que las Iglesias fueron cediendo terreno al evolucionismo.
Tanto fue así que la discusión no se ha dado aún por terminada. Por ejemplo, y sin hablar del mundo musulmán, el auge del fundamentalismo cristiano en USA ha conseguido, todavía en este siglo, varias aunque efímeras victorias legales contra las teorías evolucionistas. Una prueba de la importancia de las ideas religiosas en este campo es que representantes tan eximios de la evolución como F. J. Ayala o S. J. Gould se ven obligados a dedicar páginas de sus libros para explicar la no contradicción del evolucionismo con las doctrinas cristianas (6). Ambos han tenido que testificar a favor del evolucionismo en los tribunales norteamericanos.
Con ambos coincido en señalar que el problema religioso o ideológico es fundamentalmente político. Pues ahora, como en el siglo de Darwin y en todos los anteriores, la religión es y ha sido objeto de interpretación, y las interpretaciones están al servicio de preferencias extracientíficas, ya sean personales ya de grupos sociales. Al respecto, conviene especificar que a partir del siglo XX el evolucionismo ya no discrimina a los progresistas de los conservadores. Sólo se opone a ciertas ramas o sectas de éstos (7).
En el dominio filosófico el antagonismo entre los paradigmas evolucionista y fixista se remonta a los orígenes mismos de la filosofía presocrática. En este confrontamiento la cultura occidental ha resultado masivamente fixista al fusionar la tradición bíblica con el paradigma de Parménides, Platón y Aristóteles.
Así pues el renacer moderno de las ideas evolucionistas tuvo que enfrentarse contra serios y extendidos prejuicios metafísicos, como el aforismo de que "lo más no puede provenir de lo menos" ni lo superior de lo inferior. O bien "el orden no puede provenir del azar". Ambos implican la idea de que la causa de algo debe tener al menos todas las perfecciones del efecto, no pudiendo éste superar las de su causa. Y ambos hunden su raíz en el máximo axioma de Parménides: "el ser no puede provenir del no ser" pues "ex nihilo nihil fit", en el que se considera como "ser" cualquier cualidad o perfección nueva, cualquier nuevo tipo de organización.
El principio de que lo superior no puede provenir de lo inferior no sólo impide al hombre remontar su origen desde entes que le son inferiores, con menos propiedades (problema del alma racional), sino que además sustenta directamente la creencia en Dios. Pues este principio ha estado en la base de muchos argumentos de la existencia de Dios: la causa de todas las perfecciones del mundo debe contenerlas a ellas.
El mismo Descartes, uno de los principales científicos y filósofos forjadores del pensamiento moderno, todavía lo mantenía firmemente, y lo presupone en su original argumento sobre la existencia de Dios (Dios como única causa posible de la idea de infinitud y de perfección total):
En el Discurso del Método (4ª parte) afirma: "No hay menos repugnancia en que lo más perfecto sea consecuencia y dependencia de lo menos perfecto que en que algo proceda de nada"
Y en la 3ª de sus Meditaciones metafísicas (8) insiste:
"Y se sigue de ahí, no sólo que la
nada no puede producir nada, sino también que lo que es más
perfecto, es decir, lo que contiene en sí más realidad, no
puede proceder y depender de lo menos perfecto"
2.2. Frente a otros modelos de cambio
Secundariamente el evolucionismo chocó contra otros paradigmas del cambio.
a) Al prescindir de una causa externa, el darwinismo se convirtió en modelo autorganizativo ya que presenta la evolución como proceso de autoproducción de sistemas cada vez más complejos. La línea evolutiva surge de abajo a arriba. De la misma manera que en el dominio político los hombres son capaces de autorganizarse según las teorías del pacto social.
Con ello el darviniano liberal rompió con el modelo del Despotismo Ilustrado, que sustituía a Dios por la razón en sus proyectos de progreso de arriba a abajo . Esta expresión, utilizada (9) y hecha famosa por Kant en 1798, describe el desarrollo basado en la educación, en la planificación , la pedagogía... dirigida por los gobernantes ilustrados; esto es, por los de arriba.
b) Dentro de las ciencias naturales,
y posteriormente a Darwin, apareció la Termodinámica que
parecía contadecir el evolucionismo. Constituyó una teoría
del cambio y de la irreversibilidad en el mundo. Pero de carácter
degenerativo, tendente a la homogeneización. Según ella el
tiempo conducía el universo desde el orden hacia el desorden. Darwin
por el contrario había introducido la irreversibilidad positiva
en la ciencia. Y durante muchos años su teoría de la evolución
se alzó como un reto al segundo principio de la termodinámica
(también azaroso y estadístico desde Boltzmann). La evolución
resultaba ser antientrópica. O neguentrópica, como la denominarán
Schrödinger (1945) y Brillouin (1959), por citar a algunos de los
científicos más empeñados en resolver el escándalo
lógico que suponía aceptar o armonizar simultáneamente
ambas teorías. Solo recientemente se ha desarrollado una termodinámica
(la de los sistemas alejados del equilibrio) que conjuga el 2º Principio
con la creación de orden o de nuevas formas (I. Prigogine). Con
ella las teorías de la autoorganización han ganado una batalla
en el terreno de la física.
2.3. Lamarckismo frente a darwinismo
Dentro de su propio territorio, las filas evolucionistas estuvieron largo tiempo divididas entre los partidarios de Lamarck y Darwin. Se ha tratado de una discusión entre evolucionistas, pero inscrita también en un contexto externo que nos interesa.
Hoy día se suele centrar la diferencia entre los modelos de Darwin y Lamarck en torno a sus tesis sobre la "herencia de los caracteres adquiridos". Este fue el punto crucial de las discusiones que enfrentaron a los seguidores de uno u otro modelo tras la aparición de la genética mendeliana. Pero antes de que ésta se incorporara a la teoría de la evolución la cuestión no estribaba tanto en que se pudieran o no heredar (posibilidad en principio) estos caracteres, sino en la utilidad o superfluidad de este mecanismo o de este postulado para una teoría de la evolución. El modelo de Darwin, basado como se ha dicho en la variabilidad genética habitual y en la competencia o lucha por la vida (19), permitía prescindir de él. Como tampoco era necesario para explicar los seculares métodos de selección artificial de los ganaderos, en los que Darwin se inspiró.
En la discusión estuvieron pues presentes una serie de cuestiones técnicas sobre la maleabilidad de la herencia genética. Pero como transfondo y precediéndolas, la alternativa entre el modelo de Lamarck y el de Darwin apareció durante mucho tiempo como un caso concreto de otra amplia discusión: la que versa sobre el papel de las causas externas y las internas en el cambio y la evolución de los individuos, las sociedades, las culturas, etc.
En efecto, los dos modelos se diferencian por el distinto papel que uno y otro atribuye al medio (causa externa) o a la herencia (causa interna) en la evolución. Para Lamarck el medio juega un papel activo en la "transformación" de las especies, continuadora del desarrollo de los individuos. Es capaz de moldear incluso el material hereditario. En la teoría darviniana el medio es también un factor decisivo, pero pasivo. No moldea nada, sólo selecciona. La base de la evolución está en la variedad genética.
Desde este punto de vista más general, la discusión entre los evolucionistas fue similar a la que se dio en el ámbito de la psicología de la inteligencia y de la personalidad entre genetistas (11) y ambientalistas (las diferencias son producidas por el medio social y pueden cambiar al ser modificado éste). O a la que mantuvieron en antropología cultural las corrientes difusionista (A. von Humbolt, G.E. Smith, W. J. Perry) y la evolucionista (E. B. Tylor, H. Spencer, J. Frazer). Piaget las ha relacionado también con la alternativa epistemológica entre racionalismo (darvinista, que da primacía a lo interno) y empirismo (lamarckista, para quien el medio tiene todo el poder) (12).
Tampoco la alternativa estuvo ausente de discusiones políticas sobre la evolución y el cambio social, ni de las teorías de la historia. Filosofías como la hegeliana y la marxista insistían en la dinámica interna de la evolución o revolución social, y también lo hicieron las teorías organicistas de la sociedad, que consideran ésta como un organismo vivo. Uno de sus representantes fue el ya mencionado H. Spencer.
Por otro lado, si Darwin se inspiró
en la cruda competencia económica del capitalismo liberal para elaborar
su modelo fundado en la lucha por la existencia, esta misma teoría
volverá al campo social para justificar la estratificación
social. Es el caso de lo que se denominó el darwinismo social de
W. G. Sumner y, mas recientemente, el de la conocida sociobiología,
ejemplo de predeterminismo genético.
2.4. Gradualismo frente a rupturismo
Una alternativa todavía más concreta y técnica dentro del evolucionismo es la que ha venido enfrentando a los teóricos de la continuidad (evolución lenta y paulatina) y de la discontinuidad (cambios bruscos y generalizados). Empíricamente el rupturismo estará más sustentado en los datos del registro fósil, siendo los geólogos los más habituales defensores de sus postulados. La continuidad por el contrario tendrá mayor apoyo entre los biólogos (biología molecular y genética de poblaciones).
Las discusiones se han presentado de forma variada y reiterada, sin victorias definitivas. Antes de Darwin ya tuvieron lugar los debates entre catastrofistas y uniformistas (13), dentro de las primeras teorías no creacionistas (14). El darwinismo se formó en el caldo de las ideas gradualistas que parecían más científicas, pues explicaban la evolución como algo cotidiano y normal sin apelar a cambios ambientales extraordinarios que actuasen como Deus ex machina.
Con la genética mendeliana llegaron las controversias entre mutacionistas y biometristas. La teoría mutacionista postulaba bruscas e importantes mutaciones al azar. Los biometristas, con sus pequeñas mutaciones acumuladas, consiguieron poner las bases (15) para la teoría sintética (Genética mendeliana + Evolucionismo darvinista) que formuló Theodosius Dobzhansky (1937) y otros colaboradores (16), en la línea de la evolución continuada. Su triunfo fue tan arrollador que esta teoría se conocerá como neodarvinismo.
Frente a algunos investigadores que siguieron defendiendo nuevos tipos de mutacionismo, como Goldschmidt (genética) y Schindewolf (paleontología), Simpson, uno de los pilares de la teoría sintética, contestó en 1944 con su teoría de la evolución cuántica. Ahora la cuestión estaba en los ritmos. Ya no se trata de saltos evolutivos bruscos sino de pasos pequeños pero con ritmos rápidos. Este ritmo resulta a su vez dependiente del tamaño de la población, siendo más rápidos los cambios en grupos con pocos efectivos.
Pero en 1972, Gould y Eldredge volvieron a relanzar la discontinuidad al hacer pública una nueva teoría evolutiva: la del equilibrio puntuado, apoyándose de nuevo en el registro fósil (17),
No hay razones para una próxima reconciliación entre la tradición continuista y la rupturista. Aparte del talante personal de cada científico existen motivos de ideología social para defender una u otra alternativa. Tengamos en cuenta que la discusión plantea la necesidad (y por tanto la legitimidad) de las revoluciones o de los cambios bruscos. Y detrás de las revoluciones naturales están las sociales y políticas que tanta importancia han tenido en la historia de occidente en los dos últimos siglos.
La discusión saca también a la luz el encierro de los científicos dentro de sus propias disciplinas y la confianza exclusiva en sus propios métodos y perspectivas. Al biólogo que experimenta con genes, moléculas y poblaciones actuales de moscas no le interesan los grandes cambios medioambientales, que aparecen como hechos extraordinarios. El geólogo en cambio trabaja con ellos. Un mejor enfoque del problema debería tener en cuenta que los cambios ecológicos (del medio) son también normales y habituales y pueden incluso tener sus propios ritmos o épocas dentro de la gran escala de su tiempo. Que es necesario considerar tanto los cambios del organismo como los del medio, ya que ambos cambian al modificarse uno de ellos. Que el equilibrio de los sistemas vivos, como la vida misma y como el universo, no es estable. Biología y Geología podrían llegar a unirse sobre las bases de una Física que no considerase la estabilidad como norma sino como excepción pasajera.
2.5. Epoca del abanico. La expansión del paradigma.
A la época de los grandes debates le ha seguido una época del abanico. Entiendo esta metáfora en dos sentidos. En primer lugar el abanico simboliza el despliegue del darwinismo fuera de la biología, convirtiéndose en modelo universal de los fenómenos autorganizativos.
En nuestros días el modelo de Darwin ha invadido todo el orbe científico: biología evolutiva, paleontología, embriología, biogeografía, ecología, etología evolutiva, psicología, neurología, sociología, epistemología. La selección es invocada en todos los campos donde se aprecian fenómenos organizativos que se desea explicar sin recurrir a la acción de extrañas entidades organizadoras o a finalismos internos.
Por ejemplo, en el campo de la psicología, B. F. Skinner transformó la vieja teoría asociacionista de la conducta y del aprendizaje en un modelo basado en Respuestas al azar (variabilidad) y Refuerzo (selección), de clara inspiración darviniana.
La misma impronta tiene la Epistemología Evolutiva que desarrollaron paralelamente Karl Popper y Konrad Lorenz. El primero se centró en la evolución del conocimiento científico por medio de conjeturas (variabilidad y azar) y refutaciones o falsaciones (que actúan como instrumento de selección). El segundo, un gran padre de la etología, junto con toda su escuela (18) expuso una teoría evolutiva del conocimiento de corte naturalista, justificando en ella la adecuación de nuestras estructuras mentales a la realidad en el hecho de que aquéllas hayan pasado el filtro milenario de la selección natural.
Por su parte, Gerald Edelman, premio Nobel de medicina y científico cognitivo utiliza el modelo darwinismo para explicar la construcción del entramado de sinapsis que constituye nuestro conocimiento. Su teoría, denominada "Darwinismo neuronal" coincide en gran parte con la de Jean-Pierre Changeux sobre la "estabilización selectiva de las sinapsis". Además asimila igualmente al darwinismo los procedimientos de reconocimiento selectivo del sistema inmunológico (19).
También se aprecian mecanismos selectivos del tipo darviniano en la naturaleza inorgánica, de tal modo que Dawkins (1976) puede afirmar que la ley de selección natural no es más que un caso particular de la ley física general de selección de lo estable. Dado que sólo los sistemas estables perduran, se puede decir que de las infinitas combinaciones sistémicas de materia o energía del universo sólo las estables son "seleccionadas" (luego vendrán las moléculas capaces de replicarse).
La razón de esta expansión "imperialista" del modelo de Darwin hay que buscarla en el prestigio adquirido dentro de su propio campo y en la modernidad de sus tipos de explicación, tal como los he comentado en la primera parte de esta exposición (no mecanicismo, emergencia, azar..).
El segundo sentido de la metáfora presenta el abanico como símbolo de entretenimiento y de paz, opuesto así a las espadas anteriores. Atravesamos una época ecléctica y de integración o convivencia de teorías. El abanico es símbolo de nuestra época postmoderna, de la era antidogmática, y concibe el darwinismo como un ramillete de teorías diversas, coexistiendo unas junto a otras.
De modo que el evolucionismo se presenta hoy como una unidad ecléctica de teorías que, aun siendo globalmente opuestas entre sí, no son excluidas por los científicos, sino que son parcial y alternativamente usadas según la conveniencia de cada uno o los hechos que pretende explicar.
Conviven así en nuestros libros y en nuestras mentes la teoría sintética con la teoría neutral y con la del equilibrio puntuado; la genético-poblacional de la sociobiología con la etológica, y con la teoría del desarrollo que toma en cuenta los fenómenos epigenéticos, así como con las teorías ecológicas.
Dentro de ellas el darwinismo sigue
siendo dominante, aunque se hayan encontrado en él puntos débiles,
que señalan sus limitaciones.
3. Límites del darwinismo
No hay teoría perfecta a pesar de sus éxitos; todas son simplificaciones de la realidad que las trasciende. Ninguna está exenta de prejuicios que se admiten como axiomas. Por eso todas ellas resultan vulnerables con el paso del tiempo.
Percibimos los límites del darwinismo a través de las heterodoxias que le han surgido y de las alternativas que se le han propuesto. También los apreciamos cuando contrastamos el modelo con teorías contemporáneas de otros dominios científicos. En ambos casos las limitaciones que ahora percibimos en él dependen a su vez de nuestras propias limitaciones y prejuicios. Con el tiempo también cambiarán.
a) Algunos de sus límites derivan del conocimiento biológico de Darwin, limitado por el desarrollo de la ciencia en su tiempo. Por ejemplo el desconocimiento de la genética y los mecanismos de transmisión de la herencia; o la imposibilidad de trabajar experimentalmente en genética de poblaciones. Aunque la Teoría sintética se elaboró incorporando al darwinismo la genética mendeliana, con ello rigidificó a Darwin en unos momentos en que ni siquiera se había descubierto la estructura del DNA ni había aparecido la genética de poblaciones. Por eso se ha quedado estrecha y el neodarvinismo se sigue resintiendo de la imprecisión de Darwin en algunas cuestiones que ahora aparecen relevantes, tales como la unidad de variación o la de selección.
Por ejemplo la sociobiología, siguiendo a la genética de poblaciones, ha podido considerar que la unidad de selección es el gen y no el individuo, sosteniendo al mismo tiempo que su interpretación es ortodoxa. Mientras que la mayoría de los etólogos, que también se consideran darvinistas, afirman que la unidad no es el individuo pero tampoco el gen, sino la población o la especie .
Tampoco Darwin pudo precisar la naturaleza de los genes como unidad de variación ni sus mecanismos de duplicación y transmisión. Separó la evolución genética de la fenotípica, en confrontación con el Lamarckismo, pero no pudo considerar ciertos aspectos de la evolución epigenética, ni coordinar la macro y la micro-evolución. Su forzado silencio ha originado el desarrollo de interpretaciones contrapuestas.
b) Otras limitaciones son debidas a los prejuicios o preferencias ideológicas que sustentan el modelo, como el continuismo evolutivo del que ya hemos hablado, la "lucha por la existencia" o la idea de progreso.
- La lucha por la existencia es una pieza fundamental de la selección natural darviniana. Pero algunos comienzan ahora a considerar exagerado el papel que juega dentro del modelo. ¿Está Darwin demasiado influido por el capitalismo salvaje de su tiempo, como pudieron estarlo Malthus o Spencer? Para sobrevivir, aquel capitalismo ha tenido que modificarse, por lo que el modelo darviniano choca ahora con el contexto social. En este mismo ciclo de trabajos Adolf Seilacher niega universalidad a la lucha por la existencia como motor de la evolución y varios autores hablan de mecanismos alternativos o no competitivos (mutualismo, simbiosis, comunidades...).
La teoría neutral formulada por M. Kimura (1986) y King y Jukes (1969) surge como el principal crítico a la omnipresencia de la lucha y la selección. Y lo hace amplificando un fenómeno que el mismo Darwin ya había tomado en consideración, el de las variaciones neutras; variaciones que no tienen consecuencias adaptativas. Como alternativa esta teoría explica la evolución por mutaciones neutras y deriva genética, sin hacer intervenir apenas la selección.
- Por su parte la noción de progreso ligada a la de evolución ha sido uno de los presupuestos darvinianos más discutidos en los últimos años (aunque más en ámbitos sociológicos). La asociación de estas ideas y de su cientificidad han sido discutidas. El tema del progreso evolutivo ha sido tratado entre nosotros por Carlos Castrodeza (1988) y por J. M. González Donoso (1981), por lo que no voy a entrar en argumentos ya que no es ese mi objetivo. Recodaré que el tema se complica porque el concepto de evolución en Darwin está ligado al de selección, y éste al de adaptación , por un lado; y por otro al concepto de perfeccionamiento o progreso. Esta asociación no es lícita, pues una mejora en la adaptación no conlleva necesariamente mayor complejidad o superioridad. Habría que demostrar que la evolución hacia lo más adaptado se identifica con la evolución dentro de una escala cualitativa de los seres vivos.
Pero antes todavía habría que aclarar el mismo concepto de "adaptación", que puede ser criticado como circular o tautológico en la teoría darviniana (en ella se dice por un lado que sobrevive el organismo que está más adaptado y luego se define operativamente la adaptación sólo como capacidad de supervivencia)(20). Lo mínimo que podemos decir es que el término no fue precisado suficientemente por Darwin, a pesar de sus esfuerzos. Y tampoco consiguió separarlo tajantemente de la idea de progreso, aunque intuyó el problema.
En efecto, Darwin fue prudente y no solía hablar de progreso a secas (o absoluto), sino que lo acotaba a unas determinadas condiciones de vida. También supo distinguir entre perfeccionamiento y adaptación aunque siguiera juntando la evolución con el progreso. Unas frases del capítulo IV de El origen de las especies pueden ilustrar estos matices a la vez de distinción y de imprecisión:
Hasta que no se pidió al evolucionista que definiese los criterios de progreso no dudó; pero a partir de entonces se vio obligado a inventarlo o a elegir alguno de los que ya se han dado, bien cualitativos (motricidad o sensibilidad, inteligencia...) bien cuantitativos (cantidad de información, complejidad...). Pero entonces se dará cuenta de que todos los criterios son relativos a unos valores y ninguno es absoluto.
El cuestionamiento del progreso en biología ha sido reciente y ha llegado importado de la antropología (Lévi-Strauss (21), inspirado a su vez en Rousseau) y de otras ciencias sociales y culturales. Ellas fueron las primeras en criticar el eurocentrismo o el occidentocentrismo tras el periodo de descolonización, y criticaron la idea de un progreso lineal de la humanidad que llegase directamente hasta nosotros, hombres de occidente, considerados como cúspide.
De la negación del progreso cultural se pasó al biológico (el progreso en el universo había sido ya denunciado por la termodinámica). La conocida y ya mencionada teoría neutral puede prescindir ahora de la idea de progreso. Y desde luego rompe una frecuente asociación: la que une lo posterior con lo más apto y lo mejor.
Constructor, junto con F.J. Varela, de la teoría de la autopoiesis , H. Maturana prefiere el término acoplamiento al de adaptación, pues éste admite el más o menos adaptado. De los organismos, como de muchas llaves respecto de una cerradura, se puede decir sólo que están o que no están acoplados. O sobreviven en un caso o perecen en el otro; pero no hay mejores ni peores, más o menos perfectos.
Lejos de esta problemática Darwin no pudo dar una definición científica del progreso en biología y de sus relaciones con la evolución, por lo que su teoría queda también aquí incompleta.
c) La ecología o la cibernética del Organismo y el Medio
La cibernética o teoría de sistemas nos ha mostrado que el concepto de adaptación tiene mayor complejidad de la que Darwin tomó en consideración. No sólo el organismo se adapta al medio, sino que también el medio cambia y se adapta cada vez que cambia un organismo. Y este cambio suele ser imprevisible dada la complejidad de los sistemas biológicos.
El modelo de Darwin conserva una concepción lineal de las relaciones entre el organismo (O) y el medio (M). Parece que sólo M influya sobre el destino de O, acogiéndolo o no en su seno. Y parece suponer que uno y otro son dos entidades distintas.
Por contra, la cibernética nos enseña la causalidad circular. Si M influye en O éste también lo hace sobre M. Porque el organismo forma parte del medio. El medio no es otra cosa que ese mismo organismo más otros muchos organismos y elementos ambientales interrelacionados. Por ello la variación de una parte del ecosistema cambia a las demás, es decir M o el conjunto mismo.
Consideremos dos ejemplos especialmente relevantes: 1. La aparición de la vida con las bacterias modificó el ecosistema enteramente, cambiando nuestra atmósfera y condicionando toda la evolución posterior. 2. El surgimiento de inteligencia humana ha logrado imponderables cambios en nuestro planeta ya antes de nuestra revolución industrial y puede lograr otros más imprevisibles en él y fuera de él.
El concepto de selección y adaptación darvinianos quedan pues estrechos para las nuevas teorías de sistemas. No se trata de que una parte pequeña (O) se adapte a una parte mayor (M), como las llaves se acoplan a las cerraduras (Maturana), sino que hay que atender a la estabilidad del conjunto. Teniendo en cuenta que los sistemas vivos son no lineales y se encuentran lejos del equilibrio termodinámico.
La palabra clave es ahora la estabilidad (más o menos pasajera o durable) de los sistemas y ecosistemas que se van generando a si mismos con las modificaciones de los organismos.
La evolución de la vida hay que entenderla pues dentro de la historia de este cambiante ecosistema que es nuestra tierra; y esta historia se funde con la de su sistema mayor que es el universo, en cuyo devenir los hombres hemos empezado ya a influir más allá de nuestro planeta.
NOTAS
1. Gottfried W. LEIBNIZ (1714): Monadología, § 61 y 62
2. Recogido por José Ferreter Mora en su Diccionario de Filosofía.
3. Se puede decir que la teoría celular de los seres vivos, formulada también en 1859, deriva de una tradición teórica distinta de la liberal darwinista, como es la organicista, aunque coincide con él en la explicación de fenómenos macro por fenómenos de nivel micro (célula). Lo mismo sucede con el marxismo y su concepto de clase social.
4. Emmanuel KANT (1784) Idea de una historia universal en sentido cosmopolita.
5. La Biblia comienza con dos relatos contiguos y contradictorios de la creación: en el primero (Gn 1 1 - 2 4) la creación del hombre culmina un proceso ascendente de complejidad de los seres de abajo a arriba, mientras que en el segundo (Gn 2 4 - 25) el hombre aparece antes que los animales, creados éstos (cada uno "según su especie") para hacerle compañía.
6. Ver, por ejemplo, F.J. AYALA (1994) y S. J. GOULD (1983).
7. Resultaría simplista alinear ahora el evolucionismo biológico con el "progresismo" político. Pues el evolucionismo pronto comenzó a ser compatible con el conservadurismo, defensor y mitificador del statu quo. Ese oficio lo han desempeñado por ejemplo el darwinismo social o, más recientemente, la sociobiología, oponiéndose a las tendencias que propugnan el cambio hacia horizontes más sociales.
Aunque parezca paradójico, la selección natural se convierte para algunos en sustituto de la Providencia, creadora de un orden que debe conservarse. En efecto, las cosas ya no son como son en virtud de los planes y voluntad divinos sino gracias a la evolución natural. Pero tanto en un caso como en otro se considera que la realidad actual es la mejor posible.
8. René DESCARTES (1641): Meditaciones metafísicas, 3ª meditación, § 16 y 17.
9. Kant, Emmanuel: Si el género humano se halla en progreso constante hacia mejor.
10. El tercer ingrediente del modelo darwiniano, la selección natural o supervivencia del más apto, parece más bien una consecuencia o resultado de las otras dos.
11. Las ideas de que la inteligencia u otras cualidades personales como la agresividad o el espíritu de trabajo se transmiten por vía genética por desgracia han ido frecuentemente ligadas a programas racistas, elitistas y eugenésicos, desde Samuel George Morton, que inventó la craneometría en 1839, hasta el reciente libro The Bell Curve de Ch. Murray y R.J. Herrenstein, pasando por Galton en el siglo XIX, o Henry H. Goddard y William Shocley en el siglo XX. Esta orientación ideológica y social que ha lastrado el debate no ha beneficiado el progreso ni la discusión racional científica, como se ha visto en el reciente caso de la Sociobiología.
12. Por ejemplo en Piaget (1967) el capítulo 1 "Inteligencia y adaptación biológica".
13. Por ejemplo en 1830 Geoffroy Saint-Hilare defendió la variación uniforme y continua frente a G. de Cuvier.
14. El creacionismo había dado por su parte algunas explicaciones de las grandes discontinuidades del registro fósil, tales como la de las creaciones sucesivas; o la de la reserva (algunas especies habías sido guardados como en "sementero" para su expansión posterior).
15. Ya en los años 20, Ronald Aylmer Fisher (también Haldane y Wright) demostró matemáticamente que los genes mendelianos proporcionaban el mecanismo necesario para la variación natural, pero partiendo de variaciones pequeñas, que son seleccionadas.
16. Entre los primeros teóricos que con Dobzhansky conformaron y defendieron la teoría sintética hay que recordar a Ernest Mayr, Georges G. Simpson y Julien Huxley. F. J. Ayala es su más representativo defensor en nuestros días.
17. Este muestra que la discontinuidad en los ritmos de cambio se da masiva y simultáneamente en muchos grupos taxonómicos (grandes extinciones y eclosiones masivas de nuevos grupos), lo que resulta muy difícil de explicar dentro del paradigma continuista.
Según ellos, se alternan fases generalizadas de especiación muy rápida y muy lenta ("puntuación y estasis"). La evolución vuelve a presentar la imagen de una escalera con sus alternos periodos de estabilidad y brusca discontinuidad. Estos cambios de ritmo no tienen lugar de forma aleatoria entre las diversas especies o grupos taxonómicos, sino que se da en casi todas ellas al mismo tiempo .
18. Entre los más conocidos teóricos de la Epistemología Evolutiva formulada inicialmente por Konrad Lorenz podemos recordar a R. Rield, G. Vollmer, F.M. Wuketits y I. Eibl-Eibesfeldt. Una buena exposición de esta corriente epistemológica y de sus problemas filosóficos es la J. PACHO (1995).
19. Ver, además de su Neural Darwinism, EDELMAN, G. (1992), donde relaciona estos tres "sistemas selectivos".
20. El caracter tautológico del término "adaptación" dentro de la teoría de Darwin es distinto al del término "selección"; éste ya ha sido tratado en el Seminario Interdisciplinar por Andrés Moya, también coautor del presente libro. Ver su "La estructura de la teoría de la evolución" en nuestro libro Azar, caos e indeterminismo, PUZ, 1990, además de A. MOYA (1989)
21. Ver, por ejemplo, el apartado sobre "La ilusión arcáica" en Claude LEVI-STRAUSS (1949), una de las primeras apariciones teóricas del relativismo cultural, tan difundido actualmente.
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